viernes, 10 de julio de 2009

Más allá de un simple disfraz...

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Estos dibujos son el resultado de una actividad a partir de disfraces que llevó a cabo el grupo de 5 años, a cargo de la profesora Daniela Grasso. Los chicos se disfrazaron y luego pintaron, sobre tela, sus impresiones sobre la propuesta.
Disfrazarse es convertirse en otro, tomar la piel de otro, es jugar a ser otro. La niña se disfraza de princesa, el niño de pirata. Con el disfraz podemos ser payasos, ranas, caperucitas o lobos, blancanieves o brujas, una manzana y hasta un caramelo bien envuelto. Pero somos todo eso (y más), sólo por un ratito. No dejamos de ser nosotros, pero somos otros.
Jugamos. Y los disfraces se pueden convertir en otros disfraces: un tutú de bailarina puede ser un corpiño o una corona; una remera, la capa del superhéroe de nuestra infancia; ¿no son unas medias largas los guantes de Gilda? ¿Y un par de guantes no pueden ser unas magníficas orejas con dedos? ¿Nunca convirtieron un echarpe en una pollera de zíngara? ¿Y qué me dicen del veloz caballo que aparece en cualquier palo de escoba?
El disfraz improvisado nos ayuda a crear un nuevo código, en el que interviene la imaginación, la creatividad de los que se implican en la actividad. Código porque pretendemos comunicar algo y nos esforzamos para que otros entiendan nuestro juego y lo compartan. Juego, porque es divertido armar y desarmar donde sólo hay un palo o un trozo de tela. Por eso mismo, es creativo. Y es liberador y desinhibidor, porque también tiene eso el disfraz: nos ayuda a liberarnos de nuestras limitaciones comunicativas.
Es una actividad donde los más pequeños juegan con ventajas: ellos ven hasta donde los mayores no nos llega la vista: ven capas, orejas graciosas, caballos, grandes gorros de chino donde los mayores sólo alcanzan ver remeras, guantes viejos, escobas o tapaderas plásticas.
Dejarles ‘jugar/crear’ con lo que los mayores consideran ‘ropa vieja/trastos que no sirven’ es para ellos entrar en un nuevo mundo, lleno de grandes posibilidades.
Como recurso didáctico estamos tratando la expresión corporal, la oral (si los disfraces van acompañados de explicaciones o de dramatizaciones), la plástica (en dos momentos, uno, porque pueden pintar o adornar con propias creaciones los disfraces, otro, porque pintar lo que han sentido, es también una buena forma de terminar con la propuesta). Ayudamos a los niños a integrarse en el grupo y a desinhibirse, potenciamos la imaginación y dejamos abierto el camino para la dramatización. Con todo lo que ello conlleva.

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