martes, 21 de abril de 2009

Don Quijote camina entre refranes



Cabalgando por la llanura, un caballero va. Su lanza, en ristre, siempre dispuesta a defender al desvalido. Su corazón quedó en el Toboso y su mente entre libros, allá, en un lugar de la Mancha de cuyo nombre nadie se logra acordar. No hay caballo más soberbio que su Rocinante. A su lado, su fiel y leal Sancho Panza, que se obstina en ver molinos y borregos, donde sólo hay gigantes y ejércitos dispuestos a la lucha.
Ambos fueron guiados, con la pluma de Miguel de Cervantes, por un espacio plagado de castillos, bellas cortesanas, magos malandrines, encantamientos, bálsamos curadores, caballos alados, ínsulas... ¿o eran, acaso, ventas, prostitutas, cueros de vino, engaños y desvaríos?
Y de sus aventuras surgió la novela más representativa de la literatura española. Aquella lengua que recién despertó con el otro ilustre andariego, Mio Cid, y que anduvo, pasito a pasito, de pronto se dejaba ver toda esplendorosa y magnífica, culta y vulgar, en los diálogos de nuestros dos personajes. Lo que empezó siendo una forma de expresión popular y unas notas al margen de unos documentos, es ya, con Cervantes, una lengua adulta.
Y por eso que el día 23 de abril podamos celebrar, en algunos sitios, el Día Internacional del Libro; en otros, el Día del Idioma español.

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