miércoles, 29 de octubre de 2008

Los Martínez y la clasificación jerárquica

Clasificamos constantemente, los más pequeños colocan los lapices 'por colores', o 'por tamaños', o 'los que tienen punta más fina', después clasificamos los libros del cole. En el super, todo está clasificado. Igual en nuestra despensa.
Pero clasificar no es una rutina, es una operación del pensamiento. Una operación fundamental a la hora de llegar a un razonamiento válido y eficaz: observamos, extraemos semejanzas y diferencias y clasificamos.
Cuando intentamos retener información clasificada, además de hacerlo más fácilmente, también lo hacemos de forma más rápida.
En el módulo de Operaciones del Pensamiento realizados por alumnos de Polimodal, trabajamos sobre el siguiente ejercicio. Lo importante no es quedarse en qué comen los hijos de los Martínez, lo realmente importante es que seamos capaces de hacer esto mismo con cualquier información que nos llegue, ya sean panchos o un tema de Física.

El Sr. y la Sra. Martínez celebran su aniversario de bodas. “Parece que fue ayer cuando te vi por primera vez, sentada allí en el colectivo”, dice el sr. Martínez, con ojos de embeleso. La sra. Martínez asiente y mirando alrededor, dice “es cierto cariño, parece que fue ayer, y, mira, cuántas cosas hemos hecho…” “¿recuerdas que yo quería tener cinco hijos, mi amor?”, añade el caballero, “también eso se me cumplió, en realidad de sobra, porque en lugar de cinco, ¡mira que hermosa familia tenemos!”, y ya que con los brazos no puede, envuelve a sus 16 hijos con una tierna mirada.
Para festejar tal acontecimiento, se han reunido todos en el famosísimo restaurante El Pichicho caliente y esperan, pacientemente a que el camarero les traiga su pedido. Todos han pedido la especialidad de la casa: el ‘mejor y más extraordinario pancho de la ciudad’, al menos eso reza la publicidad.
La familia todavía se ríe a mandíbula batiente, al recordar la cara que puso el camarero cuando vio entrar a la prole Martínez. Pero son buenos chicos y al pedir lo que querían comer, se lo quisieron hacer fácil al pobre muchacho. De manera que pidieron, la mitad con mostaza, y la mitad con mayonesa; la mitad con finas rodajitas de tomate, la otra mitad sin tomate; la mitad, con cebolla, la otra mitad sin cebolla; la mitad con salsa de roquefort, la otra mitad con salsa de parmesano.
“No sé”, dice la sra. Martínez, “pero me da la impresión de que lo hemos líado más, parecía un poco confundido… y ¡está tan claro!”. “Es cierto, mi amor, claro como el agua… por cierto ¿no hemos pedido nada de bebida? Se fue tan rápido el mozo…”
Ayudemos al camarero para que tenga todo tan claro como dice la sra. Martínez y pueda contentar a todos los comensales.






Si leemos la clasificación de abajo arriba o de arriba abajo el resultado será el mismo, por ejemplo: habrá un pancho con mostaza, tomate, cebolla y roquefort; otro pancho con mostaza, tomate, cebolla y parmesano; un pancho, con mostaza, sin tomate, con cebolla y con roquefort...