sábado, 26 de abril de 2008

A las puertas de palacio (obra teatral)

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Hace ya un año, por estas mismas fechas, en Eureka representábamos esta obra, escrita por Gabriela Casalins, una de las profesoras del Departamento de Lengua, expresamente para conmemorar dos grandes eventos, por una parte el Día del Idioma (o del Libro, en otros países), por otra parte, el octavo centenario de la aparición del Manuscrito del Poema de Mio Cid.
Ambas cosas tan relacionadas entre sí que en lugar de dos grandes eventos, deberíamos hablar de un gran evento: nuestro idioma castellano.
Un rey hace muchos años, cuando todavía existían los Imperios, en concreto, el llamado Imperio Español, dijo: "en mi Imperio no se pone nunca el sol". Hacía alusión al hecho de que, cuando en una parte del Imperio (España) era de noche, en otra (América), estaba anocheciendo y, aun en otra, Filipinas, era de día. También hacía referencia, claro está, al hecho de que no iba a declinar nunca, pero en esto el rey sí que se equivocaba. Podemos cambiar un poco la frase de este rey pretencioso y decir, sin miedo a exagerar, que "en el Idioma Castellano no se pone nunca el sol" y, nosotros, sí que no nos equivocamos, porque nuestro Idioma, compartido por millones de habitantes de todo el mundo, no sólo no declina, sino que sigue disfrutando de la luz del sol.
Y ¿dónde empezó todo?

No quiero dar aquí una lección de historia de la lengua, por eso, vamos a contarlo de forma sencilla.
En la Península Ibérica se hablaba el latín, al menos eso es lo que creían los más cultos, porque no era un latín puro y clásico, sino que se había ido enriqueciendo con elementos de otras antiguas lenguas habladas antes de que llegaran los romanos a Hispania. También había incorporado aquel latín, palabras de otras lenguas habladas en ese momento. En fin, que no era precisamente el latín escrito en Roma en el siglo I a. de C. Este nuevo dialecto del latín se hablaba, especialmente, en una zona situada al norte de la Península (recordemos que los árabes dominaban todo el sur), en una región a la que, por la abundancia de castillos que allí había, llamaban Castiella. Y lo hablaban sin saber ellos mismos que estaban haciendo algo tan increíblemente importante, estaban inaugurando nuestro idioma: el castellano. En este idioma aquellos hombres escribieron las hazañas de uno de sus más grandes héroes: Rodrigo Díaz de Vivar, Mio Cid. Escribieron también las historias de otros personajes de la época. Eran poemas largos, con versos de 16 sílabas. La gente del pueblo, que le gustaba oír aquellas historias, las hicieron más cortitas y convirtieron los Cantares de Gesta en Romancero. Los Juglares iban de pueblo en pueblo, cantando estas composiciones. Y el Idioma seguía avanzando y tomando posiciones. También los clerigos, los escritores cultos de la Edad Media, empezaron a usar el castellano. El nuevo idioma ya no era sólo divulgado oralmente por el pueblo, también se escribía y se leía. Ya no era el latín que habían usado hasta hace pocos siglos.
La culminación de este camino de inicio fue doble, por un lado, la aparición de la Gramática de la Lengua castellana de Nebrija, por otro lado, el descubrimiento de América por parte de los navegantes españoles. Ambos sucesos ocurrieron el mismo año: 1492. La Gramática ponía las bases del idioma, el Descubrimiento lo difundía por todos los rincones del mundo.
A partir de 1492, el idioma avanzó y avanzó. Y llegamos a finales del siglo XVI y principios del XVII, y nos encontramos con don Miguel de Cervantes Saavedra, que estaba escribiendo la que sería la novela más importante de la literatura en castellano: Las aventuras del Ingenioso Hidalgo Don Quijote de la Mancha.
Don Miguel murió el 23 de abril de 1616 (fecha en la que también murieron otros dos escritores insignes, uno, inglés: Shakespeare; el otro, peruano y español, el Inca Garcilaso de la Vega.
Esta confluencia de nombres es lo que ha hecho que se celebren en esta fecha, en todo el mundo, el Día del Libro (no en Argentina), y entre los hablantes de nuestro idioma, el Día del Idioma castellano.

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