lunes, 7 de abril de 2008

Charlie Ming, el dragón cantor (Segunda parte)

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Ya está aquí, la segunda parte del cuento del dragón cantor, Charlie Ming. Tan tierna y fantástica como la primera. Disfrútadla.
El cuento escrito, pulsando el link.

Cap. 3. Rápido y lento en el océano.

“Estuve un rato largo volando con la barriga pegada a las olas. Tenía que encontrar un cardúmen de arenques chinos haciendo su viaje anual hacia las costas del Mar Amarillo.”
-¿Qué es un aruenque mami?- Dijo Charlie.
-Un arenque, es un pez azul y plateado que nada en casi todos los mares del mundo, algunos se van para las costas de China todos los años a tener a sus hijos- dijo la mamá
-También les gusta nadar entre las garras y las púas para hacerle cosquillas a los dragones de agua- dijo Lao.
-“Di muchas vueltas en el océano antes de encontrar a los arenques, y al final ellos me encontraron a mí” continuó Morwen. “Estaba volando aburrida, mirando el agua desesperanzada y de pronto ví una ráfaga plateada pasar nadando ante mis ojos. Sin saber muy bien qué era la seguí los más rápido que pude
-¡Ráfaga plateada, esperame!- dije. La ráfaga se detuvo
-¿Ráfagaplateadanosotrosnosomosningunaráfagasomosarenquesyestamosapurados
tenemosmilesdekilómetrosporrecorrer?.
-¿Qué? No entendí nada ¿Dijeron arenques?.
-¡Si, arenquesarenquesarenquesqueviajamosAPURADOS!- La ráfaga detenida vibraba con cada sonido y no dejaba de moverse como si estuviera muy nerviosa.
-Hablan muy rápido, ¿están apurados?- dije
–Apuradosapuradosapurados-. Los arenques hablaban tan rápido que si yo no les hablaba también así, me iban a dejar en un abrir y cerrar de alas. Así que tomé aire y les hablé lo más veloz que pude.
-Quieroirachinaynosecómo.
-Seguinosseguinosrápidorápidoseguinosvamosachinaachinaachinavamosrápidoseguinos-. Y la ráfaga de arenques despegó nuevamente a toda velocidad, y atrás fui yo volando lo más rápido que había volado en mi vida, tan rápido que el mundo a mi alrededor se empezó a
transformar en líneas de colores, y la línea que yo seguía era azul y plateada.”


Charlie Ming empezó a dar vueltas en la cueva llevándose todo por delante.
-¿Así de rápido mami?, ¡como un arenque..., ya empiezo a ver líneas...!-. Tantas vueltas dio Charlie que en cuanto empezó a ver líneas, éstas se transformaron enseguida en círculos, ya que la cueva era redonda, y se mareó tanto que casi se cae del otro lado de la catarata si no es por papá Lao que lo agarró de la cola y lo empujó hacia adentro. Mamá Morwen que ya estaba muy compenetrada en su historia ni se dio cuenta de lo que estaba pasando y siguió contando.
-“Casi en el tiempo que dura una bola de fuego en el cielo, los arenques y yo llegamos al Mar amarillo, uno de los mares de China.
–Llegamosllegamosllegamos- dijeron los arenques, pero yo miré para todos lados y sólo vi mar, entonces me asusté otra vez, ¿ésto era la China, solamente agua? Los arenques se desparramaron tan rápido por las aguas que el último destello plateado relampagueó frente mis narices antes de que pudiera preguntarle algo o lo pudiera seguir. Como había hecho un viaje tan largo, decidí no largarme a llorar esta vez y me puse a buscar desesperada a los arenques para que me dijeran si la China estaba toda hecha de agua. Busqué y busqué volando cerca de la superficie y no logré encontrar ningún arenque. Entonces cuando estaba a punto de rendirme me acordé que el tío Noel contaba cuentos sobre dragones de agua, que nadaban como los peces, y me zambullí en el Mar Amarillo con fuerza, casi sin pensarlo. Enseguida me di cuenta que nadar era tan fácil para un dragón, como volar y seguí buscando a toda velocidad.
Cuando me cansé me puse a flotar panza arriba para retomar fuerzas, ya era de noche y así podía mirar las estrellas. Fije la vista en una estrella grande que parecía amarilla como ese mar y me quedé mirándola. De a poquito empecé a moverme sin quererlo, -será la corriente- pensé, y después me moví un poco más y un poco más. Miré el agua a mi alrededor y estaba quietísima. Quise zambullirme al fondo y me golpeé el hocico con una pared. Después sumergí un poquito la cabeza y ví que estaba sentada sobre una enorme montaña de agua azul, ¡que se movía! Y ahí si que me largué a llorar.
-Buaaaaaaaaaaaaa, bla bontaña bme quiere bllevaaaaar blejossss de Bchinaaaaaaa. Nobme bleveeeeees Buaaaaaa- lloré desconsolada.
-¿Mooooooooooon taaaaaaaaaaaa ñaaaaaaaaaaaaaaa?Yoooooooooooo sooooooooooy uuuuuuuu naaaaaaaaaaaaaaaa baaaaaaaaaaaa lleeeeeeeeeeee naaaaaaaaaaaa yyyyyyyyyy vooooooooooooos teeeeeeeeeeeeeeee seeeeeeeeeeeeeeeen taaaaaaaaaaaaaas teeeeeeeeeeeeee eeeeeeeeeeeeeeen miiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiii- dijo una voz lentamente desde abajo del agua.


-Perdón no me di cuenta señora ballena, es que quiero llegar a China y perdí a mis guías los arenques-.
-Yaaaaaaaaaaaaaaa eeeeeeeeeeeeeeees taaaaaaaaaaaaaas eeeeeeeeeeeeeeeeeeen Chiiiiiiiiiiiiiiiiiii naaaaaaaaaaaa-. La ballena tenía una voz tan hermosa que parecía hecha de mar y se confundía con las olas, pero hablaba tan lento que para cuando ella terminaba una frase yo ya me había olvidado cómo había empezado. Haciendo un esfuerzo
respondí:
-Pero yo quiero llegar a la parte que tiene también tierra.
-Meeeeeeeeeeeee jooooooooooor eeeeeeeees eeeeeeeeeeeel aaaaaaaaaaaaaaaaa guuuuuuuuuuuuaaaaaaaaaaaaaaa- dijo la ballena convencida.
-El agua es hermosa, pero yo nací en la tierra-. dije también convencida.
-Teeeeeeeeeeee neeeeeeeeeeees queeeeeeeeeeeeeeeee eeeeeeeeeeeeen coooooooooooon traaaaaaaaaaaaaaaaar eeeeeeeeeeeeeeeeel riiiiiiiiiiiiiii oooooooooooooo aaaaaaaaaaaaa maaaaaaaaaaaaaa riiiiiiiiiiiiiiiiiii llooooooooooooooo eeeeeeeeeeeees pooooooooooooor aaaaaaaaaaaaa llaaaaaaaaaaaaaaaa- la ballena levantó una aleta gigantesca, más grande que el ala del dragón más gigante que haya existido. Tan grande que cuando salió del agua, además de señalarme el camino, llegó hasta las estrellas y cuando volvió a sumergirse se llevó algunas al mar. Le di las gracias a la ballena que me despidió con un
-deeeeeeeeeeeeee naaaaaaaaaaaa daaaaaaaaaaaaa- y salí volando del agua hacia mi destino, porque ya tenía arrugaditas las alas y la parte blandita de las garras.”



Cap. 4. El timbre en el bosque, el amor en el lago.

-Yo adivino- dijo Charlie, -Volaste mucho mucho tiempo antes de encontrar el Río Amarillo.
-No, no adivinaste- dijo mamá Morwen. -Resulta que el río estaba ahí no más cerquita, porque desemboca en el Mar amarillo, y da la casualidad que yo justo estaba nadando en el lugar en que los dos se convierten en uno y no se sabe muy bien cual es río y cual es mar. Es la parte del agua que es salada y dulce a la vez..
-Y esa agua se puede tomar- dijo Charlie, y Morwen dudó porque no la había probado.
-Es un poco rara, porque al principio parece dulce y rica, y después se pone un poco asquerosa. Pero no da dolores de panza.- Dijo papá Lao que sabía mucho al respecto.
-“Bueno, sigo con la historia.” Continuó Morwen. “Seguí el río en la dirección que indicó la ballena, y me indicó bien porque cada vez se hacía más angosto a medida que entraba en la tierra. Una vez que encontré una gran extensión de tierra, dejé el río y comencé a volar en busca de dragones chinos, quería comprobar si los cuentos del tío Noel eran verdad.
Y ahora sí Charlie, que volé mucho mucho tiempo sin encontrar ni siquiera una escama extraviada. Pero como ya había atravesado la mitad del mundo, me dije a mí misma otra vez, que no era momento para rendirse y volver a casa. Entonces bajé a un bosque y me tiré a descansar a la sombra de los árboles. En eso estaba, intentando dormirme, cuando escuché el sonido de un pájaro, era muy hermoso, por eso mientras cantó me quedé despierta para escucharlo. Volví a cerrar los ojos y escuché el rugido de un tigre. No me asusté porque para los dragones los tigres son como gatitos. Volví a cerrar los ojos y escuché el relincho de un caballo. -Cuantos animales hay en este bosque-, pensé. Pero como estaba muy cansada volví a cerrar los ojos, entonces escuché el croar de una rana. Y ahí si me enojé, me paré decidida a buscar a todos esos animales maleducados que no me dejaban dormir, y seguí el sonido de la rana hasta detrás de unos matorrales. Cuando estaba por llegar, algo más grande que una rana salió disparado de la maleza. Tuve que apurarme para alcanzarlo, pero finalmente lo enrosqué con la cola y lo acerqué para hablarle.
Era un animal muy extraño, tenía muchos colores en el cuerpo, pero las puntas de las patas eran blancas y chiquititas. Era más grande que una rana, pero más chico que un caballo. Tenía la cabeza muy rara, estaba hecha de paja. Lo levanté y le pregunté,
-¿Eres el animal que no me deja dormir?- No recibí respuesta. Entonces lo sacudí un poquito –Hey- volví a decir, -No te voy a comer, sólo quiero dormir un ratito-. Esta vez el animal movió la cabeza y resultó que no estaba toda hecha de paja, también tenía una parte blanca con dos ojos chiquitos, una nariz y una boca, ¿parecidas a qué? Pensé en el momento. ¡Parecidas a un hombre! Me dije y salí corriendo, porque acordate Charlie que a mí me habían enseñado a temerle a los hombres, feroces cazadores de dragones.
Ahora era yo la que estaba escondida tras un matorral temblando. Pero estaba en China, y ahí los hombres y los dragones se llevan diferente. El hombrecito se acercó y me
habló.
-Gran Dragona perdóneme, no quise ofenderla. Estaba practicando mis sonidos y no la había visto. Le ruego me perdone-.
-¿Pero cómo?, ¿No quieres cazarme?-. dije yo confundida, porque lo único que había escuchado de los hombres escoceses alguna vez era ¡Maten al dragón! O ¡Ay, no me comas!.
–No- dijo el hombre chino. -¿Por qué iba yo a querer cazarte? Eres el primer dragón verde que vi en mi vida. En realidad eres el primer dragón que vi en mi vida, pero se que los dragones chinos son rojos o amarillos.
Después de esta respuesta ya me sentía mejor, así que salí del matorral.
-¿Hay dragones en China?- dije.
-Sí, muchos- dijo el hombre.
-¿Y dónde los encuentro?.
-No lo sé. No suelen mostrarse a los hombres como lo estás haciendo. Les gusta esconderse-, Lo que el hombre dijo me entristeció otra vez. Ya me estaba imaginando una búsqueda larga y difícil. El hombre se dio cuenta de mi tristeza y dijo: -Viajaste mucho, ¿no es verdad? No te apenes, ya los vas a encontrar, pero antes tenés que descansar-. En ese momento el hombre dejó de hablar como hombre y empezó a cantar como pájaro para que yo me durmiera. Era tan impresionante su habilidad que me quedé despierta.
-¡¿Cómo haces eso?! ¿Todos los sonidos de animales que escuché los hiciste vos?!
-Todos- dijo el hombre. -Soy Lianglong el mejor artista de China. Aunque en mi aldea no quieran reconocerlo. Se burlan de mí y me dicen que haga algo útil. Pero para mí, cantar y hacer sonidos es más útil que cualquier otra cosa.
-A mí también me encanta cantar y rugir. Me fui de mi tierra porque allí no se puede cantar ni hablar fuerte.
-Qué horror- dijo Lianglong.
-Yo también puedo hacer algunas cosas con mi voz- dije orgullosa. -Puedo hablar muy suavecito, y también creo que puedo hablar agudo como un mosquito, grave como una tortuga, rápido como un arenque y lento como una ballena-. Lianglong parecía impresionado, y yo también me impresioné de todo lo que había aprendido en mi viaje sin darme cuenta, porque cuando quise imitar a los amigos que había conocido en el camino, me salió a la perfección.
Largas horas estuvimos sentados en el bosque con LiangLong haciendo sonidos y cantando juntos. Aprendí un montón de formas nuevas de hacer sonidos y recobré ánimos para seguir buscando dragones. Cuando empezó a oscurecer LiangLong se despidió como nunca ningún hombre se había despedido de un dragón escocés.
-Gran Dragona, ha sido un honor cantar contigo, debo volver a mi aldea. Buena suerte en su búsqueda.-.
-¡Gracias querido Lianglong!-. dije yo y cerré los ojos para dormir pensando en el no tan loco tío Noel.
Al día siguiente recorrí caminando la hermosa China mientras practicaba los sonidos de animales que me había enseñado Lianglong. Caminé y caminé, pero ya no estaba buscando dragones que hablaran fuerte, estaba haciendo lo que quería hacer: cantar en una tierra libre. En eso estaba cuando vi a lo lejos un lago de aguas tan quietas que parecía un espejo gigante para el cielo. Me acerqué para mirarme mientras hacía el sonido de un huracán, uno de los ruidos más preciados por Lianglong y más difíciles de hacer. De repente, el agua comenzó a moverse como si realmente hubiera un huracán y enormes olas se levantaron. Yo me asusté y dejé de hacer sonidos, pensando que era mi culpa. Metí la cabeza entre las garras y me enrosqué en la cola.
-¡¿Quién osa perturbar la paz del Lago Espejo y el sueño del gran Dragón Amarillo?!-. se escuchó muy fuerte desde el lago.”
-¡Ese es papi, ese es papi! ¿no?-. dijo Charlie.
-Sí, ese era papi, y en ese momento yo me asusté un montón, porque nunca había escuchado una voz tan poderosa y tan fuerte.
-“¿Quién osa perturbar el sueño…? Empezó otra vez, y yo dije con miedo.
-Soy Morwen de Escocia y no quise molestarlo, no sabía que este lago era su casa-. Levanté la cabeza y vi un enorme…y hermoso dragón amarillo parado en medio del lago mirándome extrañado. El dragón chino no me respondió, se quedó en silencio un rato tan largo que yo me empecé a aburrir. -Y bueno-, le dije, -¿me va a perdonar o no?, o al menos dígame su nombre-. El dragón, papi, empezó a balbucear”.
-¡Yo nunca balbuceé!- dijo papá Lao enojado.
-Vamos Lao- dijo Morwen.
-Bueno…pero sólo un poquito-.
-Si un poquito, dijiste:
“-So so soy eh, soy eh eh soy Lago eh digo Lao soy Lao-.
-¿Lao, ese es tu nombre?- dije yo.-¿Me perdonas?-.
-Eh no, digo si, eh eh… sos verde-.” Morwen largó una carcajada acordándose de ese momento, entonces papá Lao tomó la palabra y siguió contando la historia.
-“Ay Charlie, era la dragona más hermosa que había visto en toda mi vida, y era verde verde como el reflejo de los árboles en el Lago Espejo, verde como los árboles mismos. Caí enamorado como se cae de una montaña alta, y las palabras se me estrellaban entre los colmillos sin que yo pudiera evitarlo. Además, ella hablaba suavecito como una brisa, tan suave como yo nunca había escuchado. Era, ejem digo es, una voz para contar cuentos, cantar canciones de cuna y rugirle a las estrellas.”
-Yo también me enamoré enseguida- siguió mamá Morwen.-Pensé que Lao era como el sol, y que si el sol hablara tendría que tener su voz. Además se le atragantaba las palabras, je je, al Gran Dragón Amarillo del Lago Espejo, y eso era muy tierno-.
-Yo no soy ningún tierno, soy un dragón poderoso, un dios para mi tierra-. dijo Lao molesto.
-Ya lo sé, eres el dragón más poderoso que hay en el mundo-. dijo Morwen guiñándole un ojo a Charlie. Lao se quedó contento y se acostó en el suelo húmedo de la cueva, porque ya era tarde.
-“Y así fue, Charlie como nos conocimos y nos enamoramos. Después buscamos esta cueva para vivir, que tiene agua y tierra, verde y amarillo, suave y fuerte y un dragoncito que puede cantar y hablar de cualquier manera, igual que papá y yo. Y ahora, acostate una vez más entre las alas de papá y mi pancita, porque aunque hayas lanzado tu primera bola de fuego, nadie dice que un dragón grande no pueda hacerlo.”


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