lunes, 7 de abril de 2008

Charlie Ming, el dragón cantor (Primera parte)



Belén de Larrañaga, la profesora de música, inventó este cuento para que los más pequeños se familiarizaran con los diferentes sonidos.
Aquí dejamos el cuento, para oír los sonidos, es necesario asistir a la clase de Belén y prestar atención (y oído) a lo que los chicos hacen allí.
Para leer los dos primeros capítulos del cuento:

Cap 1. Fuerte y suave en las llanuras.

Charlie Ming lanzó su primera bola de fuego, PÁFFFFFFFF, bien alta hacia el cielo. Eso significaba que ya no era un dragoncito bebé, estaba listo para crecer y dejar de dormir entre la pancita de mamá y las alas de papá. Pronto debería buscarse un hogar propio, y por eso sus papás estaban un poquito tristes.
Cuando los dragones se hacen grandes, no se transforman en doctores, maestros o pintores como hace la gente, pero sí salen a buscarse un hogar, en el lugar del mundo que más aman. A algunos les gusta el agua y se van a vivir al mar, a otros les gusta el aire y se van a las montañas bien altas, y a otros las cuevas profundas con diamantes y olorcito a tierra mojada.
A Charlie Ming le gustan todos estos lugares, porque no es un dragoncito común. Es mitad escocés y mitad chino. Su mamá Morwen Mac Lawren es una dragona de Escocia, una tierra de grandes espacios verdes y clima de tarde triste, y su papá Lao Tse Ming es un dragón de China, una tierra bañada de sol y barriletes danzarines. Ahora bien, Escocia y China quedan muy muy lejos, por si no lo sabían, entonces ¿Cómo hizo una dragona escocesa para conocer a un dragón chino, y tener un dragoncito con él? La misma pregunta se hizo Charlie Ming el día en que lanzó su primera bola de fuego, y como a los dragones les encantan las buenas historias, los papás de Charlie Ming se pusieron muy contentos, porque ahora iban a contar la suya, una historia de amor.
Mamá Morwen empezó así:
- Todo comenzó un día de lluvia en Escocia.
- No, dijo papá Lao. -Empezó en China adentro de un lago.
- Pero no Lao, dijo la mamá. -Te falla la memoria, empezó en Escocia, cuando todavía no nos conocíamos y yo era una dragoncita joven.
“En Escocia está casi siempre lloviendo, y la mayoría de los dragones andan resfriados, cosa que les encanta, porque los hace estornudar. Hacen ACHÍSSSSSSS cada vez que pueden. Los estornudos son una de las cosas que más disfrutan, porque aman las cosquillas y hacer muecas locas con el hocico. El problema es que cuando un dragón estornuda, larga un chorro de fuego tan grande y tan poderoso, que es capaz de quemar una plaza entera como si fuera un fosforito. Entonces, en Escocia los dragones vivían estornudando y por lo tanto se la pasaban quemando bosques, campos y lo que era peor, alguna que otra aldea de hombres, sin querer por su puesto. Todo el mundo sabe que los dragones somos pacíficos, un poquito atolondrados tal vez, pero buenos. Lo que pasaba era que los hombres en esa época, cuando yo era chiquita, no sabían que nosotros no los queríamos rostizar, y que solamente estábamos resfriados, entonces se morían de miedo y se organizaban para salir a cazarnos, como si fuéramos bichos malos. Y como todo el mundo sabe, la mayoría de los dragones escoceses son un poco miedosos. Es por eso que en este tiempo estaban todos muertos de miedo, los hombres y los dragones.
Para que no nos encontraran los hombres, los dragones decidimos escondernos y no hacer ningún sonido que los alertara. Aprendimos a hablar suavecito suavecito, tan suave que apenas se nos escapaban las palabras por entre los colmillos. El problema Charlie, era que a mí me encantaba cantar a viva voz, y todo el mundo se la pasaba diciéndome ¡SHHHHHHHHHHHH más suave Morwen! ¡Nos va a escuchar! Todos menos mi tío Noel, al que le gustaba cantar y especialmente rugir, bien GRRRRRRRRR, como a mí. Los demás dragones decían que él estaba loco, porque se la pasaba contando cuentos chinos, decía que en China a los dragones los trataban como a dioses y que rugían tan fuerte que se los escuchaba desde lo más alto del cielo, hasta lo más profundo del mar. Nadie le creía sus historias, excepto yo.
Y fue un día lluvioso en Escocia, cuando supe que los dragones también podían hablar, rugir y cantar fuerte fuerte, además de suavecito suavecito, como a mí me habían enseñado.”


Cap 2. Agudo y grave en el cielo y la playa.

Charlie Ming se revolcó por el piso y rugió con fuerza en la cueva.
-¡¿Fuerte así mami, así decía el tío Noel!?-.
-¡Si, así de fuerte!-Dijo papá Lao lleno de orgullo y empezó a rugir junto a Charlie. Tanto y tan fuerte rugieron que la única pared de la cueva que no era de piedra, sino que era de agua de catarata, se asustó y por un momento cayó para un costado queriendo alejarse.
–SHHHHHHHHHH- Dijo mamá Morwen, -Están asustando al agua, además no me dejan seguir con la historia- Charlie recordó que el cuento de amor no había terminado todavía y se acomodó entre las púas de su papá para estar cómodo y oír mejor. Mamá Morwen también se acomodó para seguir hablando.
- “Muchas lunas y soles pasaron por el cielo hasta que me decidí hacer el viaje a China- dijo. -No quería dejar al abuelito Liam, pero a la vez estaba cansada de estar siempre susurrando suavecito. Una noche en la que los grillos hacían más ruido que los dragones roncando, pensé que no era libre del todo si no podía cantar. Entonces afilé mi uña y escribí en la pared de mi cueva una despedida para el abuelito, el tío y toda la familia. Salí de la cueva verde sin hacer ruido, volé algunas vueltas sobre ella y después me alejé hacia donde sale el sol, porque según el tío Noel, la China es la tierra donde el sol se acuesta a dormir.
Pasé mucho tiempo volando arriba de las nubes para que nadie me viera. Pero también era difícil para mí ver algo de la tierra por sobre las nubes, por eso no sabía muy bien adonde iba, mi único guía era el sol naciendo a la mañana. Mucho mucho tiempo estuve sola por el camino, las nubes eran todas parecidas y no había nadie para decirme si estaba avanzando o volando en círculos.
Un mediodía muy nublado el cielo parecía un océano todo igual por los cuatro costados, entonces tuve miedo y me largué a llorar sobre las nubes mullidas. De repente, mientras yo lloraba suavecito, escuché un sonidito chiquito en mi oreja. Pronto escuché ese sonidito y otro más, y después otro más y uno más, y tantos más, que tuve que levantar la cabeza para ver qué era lo que pasaba. Abrí los ojos llorosos y ví que estaba metida en una nube negra, miré mejor y ví que la nube estaba hecha de puntitos y cada puntito era un sonido.
-¿Qué te pasa, porqué lloras?- dijo un puntito, hablando fuerte pero muy finito.
-Estoy perdida puntito, por eso estoy triste- dije yo.
-¡Puntito! No somos puntitos, somos mosquitos!- Dijeron todos a la vez enojados, cada vez más agudo. Y yo que estaba muy triste me largué a llorar otra vez. -No llores más- dijeron los mosquitos, y entre varios me secaron las lágrimas. -Decinos adónde querés ir-.
-A China- dije yo.
- ¡A China, pero eso está muy lejos, nunca fuimos!- dijeron más agudo.
–Buaaaaaaaaaaaa- dije yo.
-Bueno, no llores más. Nosotros no fuimos pero conocemos a alguien que recorrió el mundo, y ella vive acá abajo en la playa. Ahora te llevamos y te prometemos que no te vamos a picotear porque sos bonita y verde y nos gustás-.
-Gracias buenos mosquitos, ustedes también me gustan porque hablan fuerte pero suenan finito.


Los mosquitos me envolvieron en su nube y juntos bajamos volando hasta una playa amarilla. Cuando llegamos vi el mar y una piedra enorme en la arena, nada más.
–Ufa- dijeron los mosquitos. -Esta vieja malhumorada ya escondió la cabeza-. Los mosquitos se abalanzaron sobre la piedra y empezaron a cantarle una canción, tan agudo que yo no podía cantarla.

“Vieja, vieja, piedra vieja,
sacalá a tu cabeza.
Vieja, vieja, piedra vieja,
saca patas, saca orejas.”

Los mosquitos cantaron y cantaron, hasta que la piedra se transformó ¡y le salieron patas, y una cabeza!
-¿Qué pasa, qué pasa?, nube del infierno- dijo la piedra con voz profunda, tan grave que hacía temblar la arena.
-Nos encontramos una sorpresa verde, que llora y llora porque quiere ir a la China y no sabe como- dijeron los mosquitos.
-¿Verde, y quiere ir a la China?, ¿dónde está?-. Y yo estaba escondida entre la arena porque la voz grave de la piedra me daba miedo.
-¡Vení bonita llorona! ¡Vení bonita llorona!-. Dijeron los mosquitos muchas veces. Entonces me acerqué temblorosa hasta la piedra con cabeza y patas.
-Señora piedra- dije -¿Usted sabe como llegar a China?-.
-¿Piedra?, yo por acá no veo ninguna piedra, yo soy una tortuga y nadé los siete mares antes de que hubiera piedras en las playas- La voz de la tortuga me hizo temblar otra vez. Era como la voz de un pozo profundo o de una montaña.
-Perdón señora, nunca conocí una tortuga- dije con miedo.
-Te voy a ayudar aunque no sepas nada, porque hablás suave como la orilla del mar y me gustás, ¡no como esta nube bochinchera del infiero!- dijo la tortuga. -Para ir a la soleada China hay que viajar cerca del océano y seguir a los arenques chinos hasta el Mar Amarillo.
Y así fue como recibí las primeras instrucciones para viajar a China, además de la guía de mi amigo el sol. Me despedí de la tortuga y los mosquitos y saludé al mar para seguir mi viaje.”


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