martes, 30 de octubre de 2007

Trabajando con Ricitos de Oro



En uno de los módulos de primero, han trabajado sobre el famoso cuento Ricitos de Oro, tras una lectura de la historia, los chicos han secuenciado, dibujado y reescrito. Aquí tenemos parte de su trabajo.





Ricitos de Oro y los Osos
(versión para que nos la cuenten o para contarla)

Érase que se era una familia de ositos, la familia Tresosos, formada por papá Oso, mamá Osa y el nene Osito.

Un día, justo antes de comer, mamá Osa propuso pasear un poco por el bosque, mientras que se enfríaba la sopa. Papá Oso y el nene Osito enseguida dijeron que sí, encantados. Y los tres salieron de su casita para disfrutar de un lindo paseo.

Mientras, en el otro lado del bosque, una niña con un hermoso cabello ensortijado a la que llamaban Ricitos de Oro, también pensaba que era un hermoso día para dar una vueltita por el campo.

Ricitos de Oro caminaba por el bosque, cuando, de pronto, se sintió un poquito cansada y se dio cuenta de que era ya casi la hora de comer y que no se le había ocurrido llevarse nada para aliviar el hambre. Pero ¡qué suerte!, allí, delante de ella, había una casita, rodeada de flores y hermosos árboles que le hacían sombra.

Nuestra amiguita se acercó a la casa, tocó la puerta, pero nadie le contestó. Intentó abrirla, y, olvidando que hay ciertas cosas que no se deben hacer si antes no te dan permiso, entró en la casa. ‘¡Qué raro!’, pensó, aquí no hay nadie. Sin embargo, vio que sobre la mesa había tres tazones con una humeante y olorosa sopa. Esto hizo que, de nuevo, recordara que no había comido nada desde la mañana y creyó que fuera quien fuera los que habitaban aquella casa no iban a negarle un tazón de sopa a una niñita hambrienta. Así que se acercó a la mesa y probó del tazón más grande, ¡Uy!, se quemó. ‘No, esta sopa está muy caliente’, se dijo. Se acercó al segundo tazón y, ¡afff!, estaba demasiado fría para su gusto. Así que tomó de la mesa el tazón que quedaba, el más pequeñito, probó y ‘uhm, qué rica’, justo en su punto. Sin darse cuenta, se la tomó entera.

¿y ahora qué hacía? Pues habrá que descansar un poquito. Ricitos de oro, revisó la salita y vio que había tres sillas, una grande, en la que estaba incomodísima, porque los pies no le llegaban al piso. Otra, mediana, repletita de almohadones, demasiado mullida para ella. Y la otra, justo de su tamaño, se sentó con tantas ganas, que la sillita hizo crac, crac, flash, flash, y se quedó todita rota en el suelo. ¡Vaya, hubiera sido mejor que me sentara en la mediana!, pero ya la cosa está hecha, vamos a dar una vueltita por la casa, a ver qué encontramos.

Y eso hizo, de nuevo, olvidando la buena educación, se fue a curiosear por la casa.
En una de las habitaciones, se encontró nuestra Ricitos con tres camas, ¡qué bien le vendría ahora un sueñecito, después de esa rica sopa y del susto de la silla!, igual que las sillas, había una cama grande, una mediana y otra chiquita. Primero se acostó en la grande, pero ¡qué duro estaba ese colchón y qué fría la cama!, de manera que pasó a la mediana, ¡demasiado blanda y demasiado calentita y mullida!, a su abuelita le encantaría, pero ella prefería otra cosa. Y se acostó en la chiquita. “¡Oh!, oh, esta sí que es cómoda, la mejor cama del mundo”, bueno, eso quiso decir, porque no llegó a decir ‘mundo’, cuando ya estaba dormida…

¿Y qué hacía la familia Tresosos? Mamá Osa había decidido volver a casa, empezaba a hacerse tarde y tampoco era cosa de que la sopa se enfriara demasiado. Al llegar a casa, Papa Oso con un gran vozarrón dijo: ‘Alguien ha probado de mi sopa’, y la mamá Osa, con una vocecita suave dijo: ‘Alguien ha probado de mi sopa’, y el nene Osito dijo con una voz chillona ‘¡¡¡Alguien se ha tomado mi sopa!!!’

Papá Oso pensó que lo mejor era sentarse para reflexionar sobre el asunto, pero ‘Alguien ha movido mi silla’, dijo con su vozarrón, ‘También han movido la mía’, dijo la mamá Osa, suavemente y el Osito gritó ‘¡¡Alguien ha roto mi silla!!’.

No puede ser, no puede ser, qué gran misterio, pensó papá Oso, pero lo que dijo fue, ‘será mejor que descansemos con una siestecita’.
Imagínense la escena cuando llegaron al dormitorio. Papá Oso, exclamó: ‘ No puede ser, alguien se ha acostado en mi cama’ y mamá Osa: ‘También en mi cama se ha acostado alguien’ y el Osito, dando saltos y grititos: ‘¡Oh, Oh, hay alguien acostado en mi cama!’

Tanto fue el barullo que organizaron que Ricitos de Oro se despertó, abrió los ojos, sin recordar del todo donde estaba, y se encontró con un Oso enorme, una Osa casi tan enorme como el Oso y un Osito, todos ellos con los ojos abiertos y grandes como platos y, claro, como no podría ser de otra manera, dando muestras, nuevamente de su mala educación, saltó de la cama y sin presentarse ni decir perdón ni cosa semejante, salió corriendo y no paró hasta llegar a su casa.

Quizás la próxima vez sea más prudente (y más educada) al llegar a una casa desconocida.


Seguimos "teselando" el plano



En esta ocasión, Mari usó para su diseño triángulos, cuadrados y hexágonos, ¿te atreves tú también a hacer tu propio diseño?


La vida de Escher:
Maurits Cornelis Escher nació en 1898 en Leeuwarden (Países Bajos), siendo el hijo más joven de un ingeniero hidráulico. Su profesor F.W. van der Haagen le enseñó la técnica de los grabados en linóleo y fue una gran influencia para el joven Escher.

No fue precisamente un estudiante brillante, y sólo llegó a destacar en las clases de dibujo. En 1919 y bajo presión paterna empieza los estudios de arquitectura en la Escuela de Arquitectura y Artes Decorativas de Haarlem, estudios que abandonó poco después para pasar como discípulo de un profesor de artes gráficas, Jessurum de Mesquitas. Adquirió unos buenos conocimientos básicos de dibujo, y destacó sobremanera en la técnica de grabado en madera, la cual llegó a dominar con gran perfección.

Entre 1922 y 1935 se traslada a Italia donde realiza diversos bocetos y grabados principalmente de temas paisajísticos. Abandona Italia debido al clima político de aquellas fechas, trasladándose a Suiza, y pasó algunos años en Suiza, cuyo clima le resultó muy desagradable y poco inspirador. Añora el sur de Italia y lo frecuenta repetidas veces. También viaja a España, y en particular a Granada. Visita dos veces la Alhambra, la segunda vez de forma más detenida, copiando numerosos motivos ornamentales. Lo que aprendió allí tendría fuertes influencias en muchos de sus trabajos, especialmente en los relacionados con la partición regular del plano y el uso de patrones que rellenan el espacio sin dejar ningún hueco.

En 1941 se muda a Baarn (Países Bajos), después de una estancia difícil en Bélgica (estamos en plena 2ª Guerra Mundial). Parece que debido al habitual mal tiempo de esa región, donde los días soleados se consideran una bendición, es por lo que abandona los motivos paisajísticos como modelos y se centra más en su propia mente, encontrando en ella una potentísima fuente de inspiración. Hasta 1951 vivió básicamente dependiendo económicamente de sus padres. A partir de entonces fue cuando comenzó a vender sus grabados y obtener un buen dinero por ellos. Esto le permitió vivir sus últimos años con una economía personal excelente. Generalmente hacía copias de las litografías y grabados por encargo. También hizo por encargo diseños de sellos, portadas de libros, y algunas esculturas en marfil y madera. En cierto modo le resulta gratificante y a la vez fácil, y se admiraba de tener en su taller una especie de «máquina de fabricar billetes» reproduciendo sus propias obras. Normalmente no usaba elementos de obras anteriores en las nuevas nuevas, excepto en los encargos especiales. Hacía, por ejemplo, esculturas en madera basadas en algunos de sus dibujos, y para algunas peticiones especiales reciclaba parte de las ideas y elementos de obras anteriores.Quizás por ello en este período su producción sea tan fructífera y regular, y sólo se verá interrumpida por la operación que sufrió en 1962, consecuencia de su debilitada salud. En 1969 con 71 años realiza su grabado "Serpientes" donde demuestra sus facultades a pesar de su avanzada edad.

En 1970 se traslada a la Casa Rosa Spier de Laren, al norte de Holanda, donde los artistas podían tener estudio propio. En esa ciudad fallece dos años más tarde, en 1972.

Su obra:
Grabados en madera, y también unos 2.000 dibujos y borradores. De muchos existen decenas de reproducciones, cientos e incluso miles de otros. Al final de su carrera destruyó algunas de las planchas para que no se realizaran más reproducciones de originales. También existen estudios y borradores de muchas de sus obras, en ocasiones también varias versiones de algunas de ellas. Muchas de su obras se vendieron masivamente poco después de su muerte y están esparcidas por el mundo. Un grupo importante está expuesto de forma permanente en el Museo Escher en La Haya, Holanda.

El análisis de sus obras, tal y como definió Bruno Ernst, uno de sus biógrafos, permite clasificarlas básicamente en tres temas y diversas categorías:

* La estructura del espacio – incluyendo paisajes, compenetración de mundo y cuerpos matemáticos.
* La estructura de la superficie – Metamorfosis, ciclos y aproximaciones al infinito.
* La proyección del espacio tridimensional en el plano – Representación pictórica tradicional, perspectiva y figuras imposibles.

(fuente: Wikipedia)

miércoles, 24 de octubre de 2007

Teselando el plano

La búsqueda de diseños bellos con los cuales adornar paredes o suelos de viviendas y diferentes edificios ha sido una constante en todas las civilizaciones.
Así es que surgen los mosaicos, denominando así a todo recubrimiento del plano mediante piezas llamadas teselas que no pueden superponerse, ni pueden dejar huecos sin recubrir .
El objetivo de las actividades de este módulo es introducir al alumno en el diseño de mosaicos siguiendo algunas de las reglas que utilizó el genial Maurits Cornelius Escher .




Este holandés, nacido en Leewarden, se planteó el problema de recubrir el plano con un mismo motivo. Fueron quizá sus viajes a Granada una fuente de inspiración, de hecho su técnica es muy similar a la utilizada en los mosaicos de la Alhambra.
Partiendo de una figura geométrica muy sencilla, a la que va aplicando sucesivas transformaciones, llega a la construcción de un motivo que tesela el plano. El mosaico se genera después mediante movimientos en el plano y combinación de los mismos.



OBJETIVOS

Se presentarán actividades con materiales manipulativos, característica que atrae al alumno a intentar la resolución de las situaciones problemáticas planteadas.
La belleza de las formas y figuras que se puede obtener con el material presentado despertará sin duda la creatividad del niño posibilitando además desarrollar su capacidad de:

Observar, al percibir la formación de un mosaico.

Diferenciar para luego identificar, al reconocer la célula generadora del mosaico.




Interpretar el significado de un dibujo a través de su lectura.

Aplicar movimientos en el plano previamente definidos, tales como la traslación, rotación, simetría, etc., para la construcción del mosaico.







"¡Cómo me gustaría aprender a dibujar mejor! Hacerlo bien requiere tanto esfuerzo y perseverancia... A veces los nervios me llevan al borde del delirio. Sólo es cuestión de batallar sin descanso con una autocrítica constante e implacable. Pienso que crear mis grabados sólo depende de querer realmente hacerlo bien. En su mayor parte algunas cosas como el talento son naderías. Cualquier escolar con unas pequeñas aptitudes podría dibujar mejor que yo. Lo que normalmente falta es el deseo incontenible de expresarse, apretando los dientes con obstinación y diciendo: - Aunque sé que no puedo, sigo queriendo hacerlo." Maurits C. Escher

Nota: los diseños utilizados en este artículo pertenecen a Mari,Giuliana, Facundo y David, alumnos del módulo organizado por Mariana Talamonti Baldasarre

sábado, 20 de octubre de 2007

La pesca



Otra actividad de los chicos de cuatro años, los objetivos de ésta son:
- Manejo de equivalencias. Clasificar por formas.
- Observar y contar.
- Registrar los resultados obtenidos.

Y las Actividades propuestas:
- Jugamos con material concreto: se le propone a los niños pescar Bloques Dienes.
- Clasificar los bloques pescados.
- Selección de criterios: cada pescador deberá clasificar su pesca según criterios que ellos mismos seleccionarán y contarlos al grupo.

viernes, 19 de octubre de 2007

¡A construir! y juegos de mesa para los de cuatro

Estos son dos de los lemas que la 'seño' Emilse ha propuesto a sus chicos de cuatro años.
Con el primero, ¡A contruir!, los objetivos fueron:
- Observar las distintas formas que presentan los dakis.
- Clasificar teniendo en cuenta semejanzas y diferencias.
- Construir explorando el espacio tridimensional.
- Utilizar nociones topológicas: adentro-afuera, arriba-abajo.
- Componer con figura sobre la hoja.
Y el resultado, María del Mar lo vio así (para quienes no lo vean claro, el dibujo representa "a una nena entre el pasto con flores y un árbol"):



La segunda propuesta,'Juegos de mesa', se pretende que:
- El niño conozca reglas de distintos tipos de juego de mesa.
- Aprenda a esperar turno sin perder la concentración en lo que está haciendo.
- Colabore con sus pares de ser necesario.
Los juegos presentados, en esta oportunidad, son juegos con dados de constelaciones (puntos) que facilita el conteo en niños de esta edad.
A los niños se les da un dibujo de un payaso con globos, el procedimiento será: tirar el dado y pintar la misma cantidad de globos que puntitos aparezcan en el dado.

miércoles, 17 de octubre de 2007

Encuesta (informal) sobre el mate



E

D

A

D

S

E

X

O

¿Te gusta el mate?

¿En qué momento?

¿Quién lo prepara?

¿Dulce o amargo?

¿Toma tereré?

Lo toma solo o en compañía

19

H

Siempre

A veces, yo

Dulce

NO

En compañía

61

H

Mañana

Yo

Dulce

No

En compañía

16

M

Mañana

Yo

Dulce y amargo

Sí, en verano

En compañía

76

H

Mañana y tarde

Yo

Dulce

Solo

69

H

Mañana

Yo

Amargo

No

Solo

48

H

Mañana

Yo

Dulce

Con gente conocida

14

M

Tarde

Yo

Muy dulce

Sola

38

M

Tarde

Yo

Dulce

Depende

58

H

Más o menos

Tarde

Yo

Dulce

Depende

56

M

Mañana

Yo

Amargo

No

Solo

12

M

Mañana y tarde

A veces, yo

Dulce

Depende

76

M

Mañana

Yo

Amargo

Las dos cosas

30

H

Mañana

Yo

Dulce

Las dos cosas

63

H

Mañana

Yo

Dulce

No

En compañía

13

M

Mañana y tarde

Yo

Dulce

En compañía

34

M

Tarde

Yo

Dulce

No

Solo

28

M

Mañana

Yo

Dulce

No

Solo

15

M

Tarde

Yo

Amargo

En compañía

13

M

Tarde

Otras personas

Dulce

En compañía

13

M

Tarde

Yo

Dulce

En compañía



Esta encuesta es real, fue realizada por alumnos del módulo de Periodismo, el 26 de septiembre. Las personas encuestadas fueron transeúntes que pasaron por la puerta del Instituto Eureka, a los que hay que agradecer su paciencia y buen talante.

Total personas encuestadas: 20

Por edades: Menor o igual a 30 años: 10 personas (8 mujeres // 2 hombres)

Mayor de 30 y menor o igual a 60: 5 personas (3 mujeres// 2 hombres)

Mayor de 60: 5 personas (1 mujer// 4 hombres)

Por sexo: 12 mujeres // 8 hombres

Veamos algunas de las posibles lecturas que se pueden hacer de la tabla (sin llegar a formular conclusiones, pues eso se lo dejamos a ustedes):

Por las respuestas dadas podríamos concluir que, si no todos los argentinos, al menos los que pasaban aquella fría tarde por la diagonal 74, prefieren el mate dulce. Esto puede parecer una tontería, pero ¿cuántos de ustedes no han oído eso de 'si el mate no es amargo, no es mate'?

Si observan la tabla, verán que 15 personas dicen tomarlo 'dulce' (alguna, incluso, dijo 'muy dulce').

También podríamos reflexionar sobre si el mate es una bebida social o no, 8 de las personas encuestadas dijeron que preferían tomarlo 'en compañía', y 6, manifestaron que dependía de con quién se encontrara; frente a los 6 restantes a los que les gustaba tomarlos solos (de éstos, dos son mujeres y cuatro hombres).

Es curioso el mundo de las encuestas, en seguida, tendemos a pensar que lo que opinan 20 personas elegidas al azar, podría representar la opinión generalizada del resto de los argentinos.

Quizás, también, sería bueno reflexionar sobre este tema.

Para ver la tabla completa, pulsad aquí:


encuesta mate

viernes, 12 de octubre de 2007

Una corona larga y puntiaguda (montaje)



El escritor platense Adrián Ferrero nos facilitó este bello cuento para que leamos y disfrutemos, pero, también, por qué no, reflexionemos sobre las diferencias y la aceptación en la sociedad.
Sobre Adrián Ferrero en la página http://www.lacomuna.laplata.gov.ar/autores.htm, leemos lo siguiente:
Nació en la ciudad de La Plata el 9 de noviembre de 1970. Es Profesor en Letras graduado en la Universidad Nacional de La Plata. Se desempeña como docente en la Facultad de Periodismo y Comunicación Social de La Plata, en la cátedra de Taller de Producción y Comprensión de Textos II. Dicta clases como docente en el nivel medio. Ha colaborado en medios de prensa con artículos de crítica literaria, ensayos y cuentos. Integró el grupo de Poesía Turkestán, dedicado a la investigación y difusión de la poesía. Publicó el libro de relatos Verse, en el 2000, y tiene un novela inédita. Desde 1998 dicta en forma privada talleres de escritura especializados en creación en prosa. Integró las antologías Narrativa - 22 autores- Vol. I1 (La Comuna Ediciones, 1999), y Poesía - 36 autores (La Comuna Ediciones,1999).

miércoles, 10 de octubre de 2007

Una corona larga y puntiaguda



(de Adrián Ferrero)
Para Emilia Ferrero, que me pidió que le contara esta historia
Para Paulina Grossi, que me invitó a escribirla

En el mundo del que voy a hablarles vivía un unicornio. Se llamaba Meleagro y era todo de color blanco. Por supuesto que tenía un cuerno. Un solo cuerno. Menos blanco que el azúcar, pero más duro. Más puntiagudo que un alfiler, pero hecho de marfil, del mismo material del que están hechos los colmillos de los elefantes. Los cuernos de marfil son muy buscados por los cazadores, porque valen mucho dinero. Pero ¿dónde se ha visto dejar a un elefante sin su colmillo? Es más o menos como sacarle un diente a una persona, o algo peor, porque los cazadores de elefantes no son tan educados como los dentistas.
Pero volvamos a Meleagro. Meleagro vivía en un lugar lleno de pasto fresco, del cual se alimentaba, y de arroyos transparentes, en los que se daba largos baños y de los que sacaba agua para beber. Le gustaba mucho la alfalfa recién cortada, olorosa a tierra mojada y a lluvia, y también las flores de manzanilla, de color amarillo y sabor dulzón.
Pero a Meleagro le gustaba darse otros gustos además de comer y beber. Le gustaba dormir largas siestas bajo la fronda de los árboles. Le gustaba revolcarse sobre la tierra reseca, para espantarse los mosquitos y rascarse el lomo con placer. Y, sobre todo, le gustaba correr carreras al galope por el campo.
Cuando se hizo grande, decidió andar mundo por su cuenta, sin la protección de sus padres. Así fue como se instaló en un valle que se llamaba Valle Profundo. Nunca se había cruzado con otros unicornios. Ni había visto más vida que algunos insectos, como mariposas y polillas, abejas y avispas o ciertos pajaritos cantores que alegraban sus mañanas y bajaban de los árboles a hacerle compañía.


Un día Meleagro decidió salir del Valle Profundo y conocer otros rincones del mundo. Caminó por largas llanuras, trepó hondos desfiladeros y cruzó ríos llenos de peces plateados que saltaban como langostas. Llegó a un lugar donde había unos raros animales. Como no los conocía, se acercó a ellos y les dijo:
-Buenos días. Me llamo Meleagro. ¿Ustedes quiénes son?
Un coro de animales malhumorados, masticando pasto y con voz cansada le respondió:
-Somos los toros y las vacas. Pero a vos te falta algo. Tenés un solo cuerno-y se rieron todos juntos del pobre Meleagro dando fuertes y sonoras risotadas mientras lo señalaban con sus pezuñas.
Meleagro estuvo a punto de decirles que no se hablaba con la boca llena. Pero no lo hizo.
-A mí no me falta nada-les contestó Meleagro algo molesto-Yo soy así. Soy un unicornio. Los unicornios tenemos, como nuestro nombre lo indica, un solo cuerno. Y estamos felices de ser así como somos. ¿Para qué necesitamos otro? Dos dan más trabajo para limpiarlos y ocupan mucho más lugar en la cabeza.
-Pero a nosotras nos parece que vos estás sin terminar. Se olvidaron de ponerte el otro cuerno.
Las vacas se seguían riendo de Meleagro y él ya no tenía ganas de escucharlas ni de ver cómo sus bocas se abrían y mostraban dos hileras de dientes blancos y una lengua rosada como una flor. Dio dos fuertes patadas contra el suelo, que retumbaron furiosas como dos terremotos e hicieron temblar los árboles, relinchó con fuerza y se fue. A medida que se alejaba podía escuchar cómo la risa de las vacas se iba apagando hasta desaparecer.
Un poco decepcionado y otro poco triste, Meleagro se sentó a pensar al lado de un árbol. Echado sobre el pasto, se miró su único cuerno y pensó si las vacas no tendrían razón. Quizás él estuviera sin terminar. Quizás se habrían olvidado de agregarle el cuerno que le faltaba. En ese momento se dijo que no tenía por qué hacerles caso a esos animales llenos de manchas, torpes y gordos, que lo único que sabían era dar leche, pelearse y comer pasto.
Se levantó y siguió su camino. Se encontró entonces con una manada de animales peludos y de cuernos retorcidos. Los animales, al verlo, se tiraron al suelo muertos de risa. Se reían y lo señalaban como si él fuera ridículo.
-Miren- decía una dando grandes voces- tiene un solo cuerno. Seguro que se lo arrancó o que lo perdió en alguna pelea.
Otra, más mala, le gritó:
-¡Fuera de aquí, monstruo horripilante! No queremos ver animales con un solo cuerno. Aquí vivimos nosotras, las cabras y no hay lugar para animales deformes.
Meleagro la miró, esta vez indiferente, ya no enojado. Ni se molestó en contestarle. Se dio cuenta de que era una pérdida de tiempo. Dio media vuelta y siguió su camino.
Llegó a un bosque con árboles muy altos y ardillas trepadoras que huían a su paso. Sus cascos hacían ruido al avanzar y pisar las hojas secas que tapizaban el suelo. Allí se encontró con unos animales de largas y pinchudas cornamentas. Como era de esperar, del mismo modo que las vacas y las cabras, estos animales también se rieron de su único cuerno.
-Pero ¿y ustedes quiénes son?-preguntó Meleagro un poco decepcionado.
-Somos los ciervos. Vos estás incompleto. Te falta un cuerno-dijeron. Y empezaron a reírse de él.
Cansado de las burlas, Meleagro pensó que si quisiera él también podría reírse de ellos. Eran ellos los que tenían un cuerno de más. A él con uno solo le bastaba. Podía pinchar una manzana y levantarla por los aires. O raspar la punta de su cuerno contra la corteza de un árbol para hacerlo más filoso. O clavarlo en la tierra para hacer un pozo y esconder alguno de sus tesoros. Esa noche decidió dormir bajo la luz de la luna. Quería poder apuntar al cielo con su cuerno para contar las estrellas que veía. Durmió dulcemente, mientras los grillos crujían entre las hojas de los árboles y la luz de la noche pintaba el agua con el brillo de un barniz.
Al día siguiente lo despertó el canto de unos ruiseñores. Eran sus amigos. Ellos nunca se habían reído de su cuerno ni lo habían perseguido por ser distinto. Emprendió la marcha rumbo a un campo cercano, que le habían dicho que tenía pasto verde y fresco.
Después de andar varias horas llegó a un lugar habitado por unos seres muy parecidos a él, casi iguales. Salvo que no tenían cuernos. Ni uno, ni dos, ni tres. Los animales se quedaron mirándolo sorprendidos. Pero no se reían de él: estaban admirados. Nunca habían visto algo igual. Meleagro pensó que se irían a reír de él y se preparó. Pero cuando ya estaba listo para marcharse uno de los animales lo llamó con mucha suavidad.
-Perdón. ¿Cómo es tu nombre?-le preguntaron.
Él les contestó, les dijo de dónde venía, cuáles eran sus costumbres y de qué se alimentaba. Los animales se reunieron todos juntos y formaron un círculo a su alrededor. Hablaron en secreto. Algo estaban tramando en ese momento. Después de mucho deliberar, los animales se le acercaron amistosamente y le dijeron:
-Meleagro. Somos una manada de caballos que ha perdido a su rey. Ha muerto en la guerra contra otra manada. Nadie nos gobierna ahora. Es por eso que te queremos pedir que ahora vos seas nuestro rey.
-Pero ¿por qué?-preguntó Meleagro- ¿Por qué quieren que yo sea su rey? Los reyes reinan y yo sólo quiero compartir mi vida con otros animales.
-Porque sólo unos pocos caballos llevan corona en este mundo. Y vos sos uno de ellos. Meleagro estaba muy sorprendido. Pero como era un unicornio bueno y le gustaba ayudar en lo que podía a los demás, aceptó de buena gana.
Si alguna vez visitan los prados donde reina Meleagro, verán lo bien que gobierna a su tropilla. Cuando se produce una carrera y salen todos galopando, de entre esa multitud de cascos, crines y polvareda se destaca una corona blanca y puntiaguda. Una corona que lo convierte en el monarca de los caballos.


La vida color de rosa (video)



Agradecemos a la escritora Paulina Grossi que nos haya brindado la oportunidad de publicar (y disfrutar de) uno de sus excelentes cuentos.
En la página http://www.lacomuna.laplata.gov.ar/, encontramos una reseña de su actividad: Nació en La Plata en 1971. Es graduada en la Escuela Latinoamericana de Eutonía. Ejerce la docencia en su especialidad, principalmente con chicos con síndrome de Down. Ha publicado relatos en medios periodísticos y tiene un libro de cuentos y textos ensayísticos inédito. Uno de sus relatos aparece en Chicos - Literatura infantil (La Comuna Ediciones, 2000).

La vida color de rosa


Por Paulina Grossi

Las cosas andaban mal en el barrio, muy mal. Se comentaba en las casas y en la panadería, en la plaza y en el almacén. No se trataba de una brujería, tampoco de un maleficio, nada de eso. Era algo misterioso, que nadie se podía explicar.
El primero en darse cuenta fue un viejito que salía muy temprano a caminar por el barrio. Cuando miró el cielo lo vio menos azul. Pensó que sus ojos, ya cansados, le estaban fallando. Pero no, cuando lo comentó con los vecinos, todos notaban lo mismo, el cielo parecía despintado.
A los tres días, una chica recién casada, que había pintado el frente de su casa de púrpura abrió la puerta y se encontró con un color lavado y aburrido que en nada se parecía al original. Enseguida fue a quejarse a la pinturería, pero cuando abrieron los tarros para mostrarle que la pintura era buena, se encontraron con unos colores tan paliduchos, que ni se podía distinguir cuál era cuál.
A un nene, al chupar una paleta gigante y multicolor, le pareció que todos los colores eran el mismo. Y las nenas se aburrían en los recreos, porque la brillantina de las figuritas ya no centelleaba en variedad de colores.
Los vecinos decidieron reunirse para buscar una solución.
-¡Está todo desteñido!- decían todos. Bueno, o casi todos. Porque la dueña de la verdulería aseguraba que sus rosas seguían estando de ese color, y tan hermosas como siempre. Y la hija de la vendedora de pochoclos aseguraba que su helado de frutilla seguía teniendo el color intenso de antes. Al poco rato, los vecinos ya estaban tomando mate y hablando de cualquier cosa porque, confundidos, no sabían qué hacer. Lo único que se les había ocurrido en esa reunión era volver a pintar aquello que podía pintarse, pero tampoco funcionó. Todo volvía a quedar tan desteñido como antes.



Un día, aprovechando la lluvia que acababa de caer, todos los colores se reunieron en el arco iris. Al principio era un gran desorden, hablaban todos juntos, tan preocupados como la gente por resolver el problema.
-¡Nos estamos despintando! ¡Vamos a desaparecer! ¡Todos nos miran con cara de compungidos!- gritaban unos por encima de otros, de manera que no se entendía nada.
-¡Yo trabajo como siempre!-vociferó el negro. -Me esfuerzo, vaya si me esfuerzo, pero la noche ya no es oscura, los pájaros no duermen y los grillos ya no cantan.
-Basta, basta –dijo el verde obispo, que por haber vivido mucho sabía que esa discusión no llevaba a nada- que aquí no es cuestión de quejarse sino de descubrir el misterio, que ya sabemos que todos trabajamos mucho.
Entonces se hizo un gran silencio, y en el silencio al violeta se le prendió la lamparita: -¡Ya sé!-gritó con una voz profunda que parecía salir de la barriga de un pez. El problema es el rosa.
-¿El rosa? –se asombraron todos a coro-. Y ahí, mirando para un lado y para el otro, fue que se dieron cuenta de que era el color que había faltado a la cita.
-¡No vino! –volvieron a gritar.
-Y claro –dijo el rojo avergonzado porque era medio pariente suyo- Qué va a venir. Debe estar
muy ocupado luciéndose, si es el único que todavía anda sin problema, tan rosa como siempre.
-Por eso decía yo –siguió el violeta entusiasmado- Todo empezó con los chicos, en los jardines de infante y en las escuelas.
-¿Con los chicos? –preguntaron todos riéndose. Pero el violeta siguió sin hacer caso de la burla.
-Claro ¿No ven que a las nenas es el que más les gusta? Si parece que los demás colores no sirviéramos para vestirlas.
-¿Y los varones –le preguntó un amarillo patito sacándole la lengua.
-Los varones dicen que las nenas no son nenas si se visten de otro color –le contestó el violeta devolviéndole la mueca. Y así todos miran al rosa, todos al rosa que está ahí lo más campante y a nosotros nada. Y bien saben ustedes que si no nos miran, los colores ¿para qué vamos a estar?
-Por eso nos vamos desdibujando –dijo el blanco con cara de haber entendido-.
-Pero ¿Y los grandes? –preguntó un gris perla-. Ellos sí usan otros colores para vestirse, para dibujar, para decorar ...
-¿Pero no se dieron cuenta –consultó un rojo fuego- que mirar lo que se dice mirar en todo el ancho de esa maravillosa palabra miran más los chicos que los grandes? Los grandes...bueno, ellos ven, pero es como si ya mirar no tuviera tanta gracia. En cambio, cuando miran los chicos, nosotros brillamos más, es como si se nos alargara la vida.
-Eso, cuando podemos brillar –dijo un celeste con tristeza-.
-Bueno, tenemos que pensar en algo –dijo un marrón con aire práctico-.
-¿Y si vamos a buscar al rosa y todos juntos le sacamos la lengua para avergonzarlo? Capaz empalidece –propuso el amarillo patito, que se ve que eso de sacar la lengua le gustaba mucho.
Como no se les ocurrió una idea mejor, así lo hicieron, pero no funcionó. El rosa seguía ahí, sintiéndose el rey de todo, aunque con cara de burla le cantaran:
-Rosa, rosa, cara muy mugrosa. Rosa, rosa, cara muy mugrosa.
En el barrio todo seguía igual o peor. Porque la gente empezaba a extrañar las anaranjadas puestas de sol, el verde intenso de las hojas de algunos árboles que tanto descansaban la vista y, en especial, los chicos extrañaban a las mariposas de todos colores que ahora, tan desteñidas, se parecían a cualquier bicho.
Entretanto, aprovechando la próxima lluvia, que por suerte no tardó en llegar, volvieron a reunirse los colores. Y ahí se les ocurrió una idea que creyeron podía funcionar. Decidieron dejar de trabajar por un tiempo y que el rosa se encargara de todo, ¡A ver qué pasaba! Así que otra vez salieron a cantarle con la misma cara de burla:- Rosa, rosa, a pintar todas las cosas, rosa, rosa, a pintar todas las cosas.
Ni lerdo ni perezoso, sin entender donde estaba la burla, el rosa se puso a trabajar. Al día siguiente, después de la lluvia, el barrio apareció todo cambiado, los vecinos miraban con ojos abiertos como platos: el cielo era rosa, el suelo era rosa, los árboles eran rosas. Y aquella primera noche rosada que de negra no tenía nada, todos se quedaron despiertos, mirando como embobados. Y de tanto sueño que tenían, al día siguiente nadie fue a trabajar, ni los chicos fueron a la escuela.
Las cosas andaban mal en el barrio, mal, muy requetemal. Cuando ya no era novedad, todos empezaron a candarse y a protestar.
-¡Un mar rosa no es el mar, parece sucio!
-¡Ya no se cuál es mi casa me pierdo, parecen todas iguales!
-¡Parecemos metidos en un dibujito animado!¡Todo rosa, todo rosa!
Las rosas ya no eran adornos porque se parecían a todo, las nenas corrían a buscar aquella ropa que por ser de otro color guardaban olvidada en el último estante, pero que al mirarla la encontraron también rosa.
-¡Basta requetebasta! –dijeron los chicos.
-¡Basta requetebasta! –dijeron los grandes.
-¡Basta requetebasta! –dijo el rosa con una voz tenebrosa que nadie reconocía, cansado de tanto pintar y pintar.
Y todos se pusieron a mirar con insistencia las cosas, con ganas, con muchas ganas, con tantas ganas que a los colores se les contagiaron y se pusieron a brillar con más fuerza que nunca.
Desde entonces, en el barrio, las cosas andan bien, muy bien. Porque los chicos y los grandes saben, y nunca se olvidan, que para vivir hacen falta todos los colores.


miércoles, 3 de octubre de 2007

El laberinto del Minotauro


En su región interior observamos otros monstruos que van a visitarlo.
El dibujo ha sido creado por Octavio (6 años), en el módulo de Actividades Lógico-matemáticas.